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agosto 2010
Como conservador, siempre me han confundido los defensores del status quo en la política de los Estados Unidos hacia Cuba, cuando alegan que aquellos que piden políticas más efectivas son todos “liberales”. Ha sido apropiadamente documentado que desde la fallida invasión de la Bahía de Cochinos, cuando el Presidente Kennedy fue acusado por muchos de abandonar cientos de cubano-americanos que participaron en la misión, muchos exilados decidieron registrarse como Republicanos. Por largo tiempo han sido seguidores leales del partido y han disfrutado de significativa influencia en la determinación de la política de los Estados Unidos hacia Cuba. Sin embargo, esta lealtad tiene su costo. Las políticas apoyadas por una minoría vocal y políticamente activa de cubanos americanos, los defensores del status quo, se ha separado de los principios básicos republicanos. Más aún, los defensores del status quo han gastados millones en cabildeos para urgir al gobierno de Estados Unidos a que aísle al gobierno cubano restringiendo los derechos de los estadounidenses a viajar a la isla. No solo está equivocada esta política, en cuanto ayuda al gobierno cubano en sus esfuerzos de aislar al pueblo cubano, sino que es contraria a los principios republicanos de proteger los derechos individuales del gobierno federal. Como conservador, no me sorprende cuando los regímenes totalitarios limiten la libertad personal, pero sí cuando lo hace mi propio gobierno. En su esfuerzo de micro gerenciar la transición en Cuba, los defensores del status quo también han trabajado con ahínco para crear complejas regulaciones gubernamentales y programas burocráticos a un costo de cientos de millones de dólares para los contribuyentes estadounidenses. Los conservadores estarían de acuerdo que privatizar la asistencia a la sociedad civil en Cuba no sólo sería más efectiva sino que representaría ahorros de más de $20 millones al año para los contribuyentes. Adicionalmente, la desregulación y privatización de esta asistencia podría proteger a los contratistas gubernamentales como Allan Gross de ser arrestados y acusados de espionaje. Para la fecha en que el señor Gross fue arrestado, había recibido más de medio millón de dólares en financiamiento del gobierno para entregar en Cuba equipos que las actuales regulaciones de Estados Unidos prohíben a los ciudadanos exportar a Cuba. Finalmente, los conservadores no tienen porqué apoyar políticas que pueden afectar a los regímenes a costa de la gente que victimizan. Los defensores del status quo buscan negar recursos en un esfuerzo de forzar el levantamiento de un pueblo desesperado contra un ejército bien alimentado y armado. Esta política no sólo ignora importantes consideraciones éticas y morales, sino también lecciones de la historia. Después de todo, fue el presidente Ronald Reagan quien, en la cúspide de la Guerra Fría autorizó los viajes y las ventas de cereales a la Unión Soviética. Él consideraba que la mejor manera de subvertir un gobierno comunista es exponer a sus ciudadanos a los viajeros estadounidenses, y a sus productos e ideas. Esta confianza en el poder transformador de los individuos y de la forma de vida de los estadounidenses es lo que caracteriza a los conservadores. Estoy consciente, sin embargo, que los defensores del status quo han sido muy exitosos en vender sus argumentos a los gobernantes alegando que los cambios en la política de Estados Unidos serian equivalentes a concesiones al régimen cubano. Ellos alegan que la eliminación del aislamiento de Cuba levantando las restricciones a los viajes seria un premio para el régimen que podría lucrar con estos fondos. También descartan los esfuerzos de apoyo al pueblo cubano, la colocación del poder liberador de la tecnología en sus manos, o la venta de productos agrícolas al gobierno cubano, sugiriendo que son sólo simples negocios. Afortunadamente, los pasados 50 años evidencian que el status quo ha fracasado en todos sus aspectos y una creciente comunidad de disidentes que pide cambios fundamentales en la política de los Estados Unidos hacia Cuba prueban que la verdadera concesión al régimen es mantener el status quo.
julio 2010
El anuncio efectuado esta semana por la Iglesia Católica de Cuba en el sentido de que el gobierno cubano ha prometido poner en libertad a los restantes 52 prisioneros políticos de la Primavera Negra de 2003, ha provocado variedad de opiniones dentro y fuera de la isla. Mientras que la mayoría de los miembros de la comunidad en el exilio y dentro de la isla han recibido con beneplácito el anuncio, los defensores del status quo en Washington y Miami han preferido cuestionar su importancia y criticar a la Iglesia por su rol como mediadora. La semana pasada, durante la votación en la Comisión de Agricultura del Congreso de un proyecto de ley destinado a restablecer los derechos de los estadounidenses a viajar libremente a Cuba, los defensores del status quo se opusieron a la aprobación del proyecto de ley y exigieron concesiones importantes sobre derechos humanos por parte del gobierno cubano. Ahora que el gobierno cubano se ha comprometido a dejar en libertad a 52 prisioneros políticos los mismos opositores rechazan esta acción y la consideran una acción puramente política. En esencia, las demandas exigidas hace una semana ya no son suficientes para ellos. Sin embargo, muchos de los disidentes mas reconocidos, incluyendo el ex prisionero político Héctor Palacios, han declarado que la decisión representa: “el paso mas serio tomado por el gobierno cubano en 50 años.” Mientras tanto, Oscar Espinosa Chepe, miembro del grupo de 75 disidentes arrestados en la primavera de 2003, y dejado en libertad en 2004 por razones de salud, publico el 2 de junio lo siguiente: “Artículos publicados en el exterior sugieren que el enemigo se encuentra dentro de la Iglesia Católica, como lo indica nuestro compañero Yoel Prado en carta publicada en el New Herald del 17 de mayo. Estos jueces a larga distancia, a quienes nunca vimos participar en actividades disidentes mientras se encontraban en Cuba, se olvidan que por años la iglesia Católica ha sido atacada por el régimen totalitario que llego a prohibir las celebraciones de Navidad, reemplazándoles con las celebraciones del 1 de enero y del 26 de julio. Ellos ignoran que moderadamente y pacientemente, de acuerdo con las condiciones de la isla, han tratado de trabajar en pos del progreso y de la armonía en Cuba, como se puede leer en el libro "La Voz de la Iglesia en Cuba" con varias docenas de documentos episcopales relacionadas con las acciones sin descanso dirigidas a encontrar el camino hacia el entendimiento y la paz entre los cubanos”. Lo que los defensores del status quo ignoran, o quizás eligen ignorar, es el hecho que los eventos de esta semana en Cuba son la evidencia mas clara hasta este momento del crecimiento de la fuerza de la sociedad civil en Cuba. Mientras que no existe duda de que la presión por parte de la Unión Europea y la Iglesia Católica ha jugado un importante papel en la decisión de Cuba de dejar en libertad a los prisioneros políticos, es evidente que el ímpetu para este cambio se originó en la presión interna creada por la sociedad civil en Cuba, incluyendo a Orlando Zapata Tamayo, las Damas de Blanco, Guillermo Fariñas y los muchos defensores activos de la democracia tales como los ex prisioneros políticos Héctor Palacios y Oscar Espinosa Chepe. Dos de los mas importantes eventos relacionados con Cuba en los últimos 50 años, el anuncio de la pronta liberación de 52 prisioneros políticos y la aprobación de un proyecto de ley que restablecería los derechos de los estadounidenses a viajar a Cuba, deben su éxito al aumento de la fuerza de la sociedad civil de Cuba. Por primera vez los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos han reaccionado a las demandas de los defensores de la democracia en Cuba. Hace un mes, 74 destacados miembros de la sociedad civil en Cuba, incluyendo a Guillermo Fariñas, Héctor Palacios y Oscar Espinosa Chepe, se dirigieron por escrito al Congreso de los Estados Unidos urgiéndoles a que aprobaran la legislación indicando que: “Compartimos la opinión de que el aislamiento del pueblo de Cuba beneficia a los intereses mas inmovilistas de su gobierno, mientras que cualquier apertura sirve para informar y empoderar a los cubanos y ayuda a un mayor fortalecimiento de nuestra sociedad civil”. Por varios años, las Damas de Blanco han marchado pacíficamente cada domingo exigiendo la liberación de los miembros de sus familias. Recientemente, el prisionero político Orlando Zapata Tamayo falleció después de mantener una huelga de hambre por mas de 80 días exigiendo mejores condiciones para los prisioneros políticos de Cuba. Esta misma semana Guillermo Fariñas dio por terminada su huelga de hambre después de 135 días, exigiendo la liberación de los prisioneros políticos mas enfermos en Cuba. En lugar de competir por influencia en Miami y Washington los defensores del status quo deberían trabajar para aumentar la creciente fortaleza de la influencia de la sociedad civil en Cuba. En lugar de tratar de hacer esto utilizando millones de dólares de los ciudadanos estadounidenses, deberían escuchar y promover el tipo de políticas que la sociedad civil en Cuba nos dice que serian mas efectivas en su apoyo. De la misma manera, la comunidad internacional debería reconocer el importante y audaz trabajo de la sociedad civil cubana apoyando la nominación de las Damas de Blanco para el premio Nóbel de la Paz. Dicho reconocimiento reafirmaría y ayudaría a proteger el fuerza creciente de toda la sociedad civil en Cuba.
abril 2010
No es la primera vez que el conocido actor Andy García utiliza el rol del Internet para difundir la toma de conciencia sobre la represión en Cuba. "Entre las pequeñas cámaras digitales, teléfonos celulares y bloggers, el mundo está por fin descubriendo lo que la mayoría ya sabíamos, pero que la gente se negaba a creer,” declaró el mes pasado, antes de liderar una marcha de solidaridad de 5.000 personas en apoyo del grupo disidente Las Damas de Blanco, a través del Echo Park de Los Ángeles. García se refiere a la creciente violencia extrema de la que han sido víctimas líderes de la oposición en Cuba: la blogger Yoani Sánchez, Las Damas de Blanco, así como las huelgas de hambre de Guillermo Fariñas y del fallecido Orlando Zapata Tamayo. Sus luchas generalmente ignoradas, han encontrado su sendero en la larga cola del Internet, subiendo hasta la cima de los medios de comunicación internacionales. Pero menos atención ha sido prestada a otro hecho: el gobierno cubano ha aumentado también su presencia en la Web. Sitios Web tales como cubadebate.com y blogs como Cambios en Cuba de remembranzas orwellianas, publican artículos y videos de YouTube con efectos pro-gobierno. Raúl Castro tiene su propia página de seguidores en Facebook con más de 2.000 miembros. La naturaleza democrática del Internet no toma posiciones. Puede beneficiar a la oposición interna haciéndola más visible, y puede también ser útil al régimen ofreciendo una oportunidad con su propia mezcla de “propaganda 3.0” por medio de Facebook y Twitter. Sin embargo, ya es evidente que el Internet ha tenido un mayor impacto en apoyar a la sociedad civil en Cuba que en promover al gobierno comunista que controla su acceso. El mismo argumento puede ser hecho con respecto a los viajes. No hay duda que el turismo y los viajes a Cuba aportan divisas al régimen. Después de todo, el gobierno es dueño de hoteles, clubes y tiendas, y aún el dinero gastado en el mercado negro eventualmente termina en las arcas estatales. Pero no debemos confundirnos, el totalitarismo prospera en aislamiento. El Estado controla el acceso a la moneda, a la información y al pueblo, precisamente porque ofrecen algo peligroso a los ciudadanos comunes: una voz. Basta con preguntar a Yoani Sánchez. Ella sostiene que el acceso a “recursos y dinero” de los estadounidenses, como el acceso al Internet, beneficiarían al pueblo cubano; “Por una parte, [nosotros] nos beneficiaríamos de la inyección de dinero que los turistas del norte gastarían en las redes alternas de servicios…sin duda, la autonomía económica daría como resultado autonomía ideológica y política, fuentes de poder real.” Miriam Leiva, miembro fundadora de Las Damas de Blanco, está de acuerdo: “miles de estadounidenses visitando a Cuba beneficiaran a nuestra sociedad…en primer lugar, a través del flujo de ideas, y más adelante, presionando al gobierno para que permita el trabajo independiente para suministrar bienes y servicios, como el alquiler de habitaciones, dado que la capacidad de los hoteles sería insuficiente.” Durante el año pasado, la política del Presidente Obama sobre viajes familiares ilimitados ha contribuido más a romper con el aislamiento que TV Martí en más de sus 20 años de existencia. Recientemente, The Miami Herald informó que el incremento en los viajes de familiares a Cuba, actualmente alrededor de 25.000 visitantes por mes, ha logrado incrementar el nivel de vida de miles de familias cubanas con parientes en EEUU. Imaginemos las consecuencias para el pueblo cubano si todos los estadounidenses estuvieran autorizados a viajar. El mes pasado más de 100.000 cubano-americanos marcharon en Estados Unidos en apoyo de Las Damas de Blanco. ¿No es ya el momento de llevar esto más allá? Demostrar la solidaridad ayudando a crear condiciones dentro de la isla que, como creen Sánchez y Leiva, beneficiarían al pueblo cubano? Los defensores del status quo sostienen que en Cuba es ilegal para los cubanos ponerse en contacto con extranjeros. Sin embargo, todo el que ha viajado a la isla puede decir que la ley no impide a los cubanos comunicarse con los turistas en cualquier lugar. Además, pensemos en lo siguiente: si no fuera una amenaza para el gobierno cubano que los cubanos se pusieran en contacto con los turistas estadounidenses entonces, ¿por que es ilegal? El acceso al Internet y los viajes sin restricciones presentan tanto ventajas como desventajas para el gobierno cubano. Sin embargo, no podemos continuar negando que el aumento del acceso al mundo exterior beneficia significativamente al pueblo cubano en general. Andy García tiene razón cuando sostiene que el Internet es una herramienta invaluable para combatir el aislamiento del pueblo cubano. Pero considerando que sólo el tres por ciento de los cubanos tiene acceso al Internet, la forma más eficiente de conectarse con el mundo de afuera continua siendo la forma más antigua: cara a cara. Ricardo Herrero es Miembro del Directorio de los Jóvenes Profesionales del Cuba Study Group.
Al igual que la diversidad de opiniones dentro de Cuba, la comunidad en el exilio no es monolítica y disfruta de diversa variedad de puntos de vista. Algunos apoyan políticas que se enfocan hacia el asilamiento de Cuba y en negarle recursos, mientras que otros favorecen la eliminación del aislamiento de Cuba y se concentran en ayudar al pueblo cubano. Esta es la belleza de nuestra sociedad democrática y pluralista. Pero estoy consciente que no todo el mundo comparte mi optimismo. Hay quienes pasan más tiempo atacando las posiciones de los otros, calificándoles en uno de los extremos como “dialogantes” y “seguidores de Castro” o cualquier otra calumnia para desacreditar a sus oponentes. Después de todo, es más fácil atacar a la gente que debatir el mérito de sus ideas, o, Dios no quiera, reconocer que puedan tener algo de razón. Pero existe un problema para aquellos que tratan de defender el status quo en la política de los Estados Unidos hacia Cuba: su posición carece de apoyo popular dentro de Cuba. He podido apreciar que muchos de los que apoyan mantener la actual política hacia Cuba no han visitado la Isla en 50 años, o nunca han ido a Cuba. Consciente de esta contradicción obvia, generalmente sostienen que no necesitan ir a Cuba para comprender su realidad, después de todo ellos hablan regularmente con gente en la Isla. No tengo dudas de que hay dentro de Cuba gente con quien hablan los que apoyan el mantenimiento del status quo, quienes apoyan la política actual de los Estados Unidos hacia Cuba. El problema es la elección selectiva que inevitablemente tiene lugar cuando uno se niega a visitar la Isla y sólo escucha a aquellos que están de acuerdo con ellos. Si nuestro objetivo es ayudar al pueblo cubano, no debería importarnos cómo piensa la mayoría de los cubanos? Quizá el mejor ejemplo de esto es el actual debate sobre el proyecto de ley en el Congreso que levantaría la prohibición de viajes a Cuba. Mientras los que apoyan el status quo se concentran en calificar a los que apoyan el proyecto de ley como “los enamorados del gobierno de Cuba” una gran mayoría de los disidentes cubanos y el pueblo cubano apoyan la medida. En su carta al Comité de Asuntos Extranjeros del Congreso la blogger cubana Yoani Sanchez escribió: ““Los ciudadanos cubanos, por su parte, se beneficiarían de la inyección de recursos materiales y de dinero que los turistas del Norte gastarían en redes de servicios alternos. Sin duda, la autonomía económica resultaría en autonomía ideológica y política, ofreciendo apoyo y fuerza. Estas declaraciones pueden ser agregadas a las hechas por otras figuras de la oposición como Oswald Payá, Hector Palacios, Vladimiro Roca, Miriam Leiva, Dagoberto Valdes, Gisela Palacios, Oscar Espinosa Chepe, y otros, incluyendo a Marta Beatriz Roque quein ha dicho: “Yo creo que todos deberían tener libertad de viajar, algo que no tiene el pueblo cubano. Por consiguiente, si estamos aquí peleando por la democracia, cómo podemos apoyar que se restrinja la libertad del pueblo norteamericano?” Parece ser que el problema con la defensa del status quo es que para hacerlo es necesario embarrarse con ataques personales y calificaciones extremistas esperando que nadie detecte lo que el pueblo cubano nos está pidiendo hacer. Otro ejemplo es el debate actual sobre una revisión de los programas pro-democracia del Gobierno de los Estados Unidos en Cuba. Los defensores del status quo sostienen que una revisión de estos programas por parte del gobierno de Estados Unidos para eliminar las pérdidas, mala administración y corrupción que les ha plagado en el pasado equivale a: “Colusión con las leyes de Cuba.” Sin embargo, inconvenientemente para ellos, en un articulo publicado en el Miami Herald el 27 de marzo de 2010 , Laura Pollan, líder de las Damas de Blanco declaró que: “Es verdad que la oposición necesita ayuda, pero también considero que es muy importante que [la ayuda] sea revisada, que deba haber una auditoría.” Por supuesto la declaración de la Sra. Pollan, junto con otras declaraciones de otros disidentes, han sido ignoradas por los defensores del status quo. Pero el hecho que elijan ignorar la realidad dentro de la Isla no significa que a los defensores del status quo no les importe Cuba, o que no quieran que sea libre y próspera, simplemente significa que no entienden la realidad dentro de la Isla. Acusaciones recientes de que “ha fallado la apertura del presidente Obama hacia el régimen cubano” sugiere que no entienden tampoco el objetivo de la actual política del gobierno de Estados Unidos hacia la Isla. Al mismo tiempo que observan el agudo aumento de actividad en la sociedad civil en Cuba, condenan una política que ha hecho más para romper el asilamiento de Cuba y para apoyar a la sociedad civil en un año con los viajes familiares, que lo que una política de confrontación y aislamiento jamás ha logrado. Actualmente, los disidentes cubanos argumentan que permitir a los norteamericanos viajar a Cuba apoyaría aun más la sociedad civil en la Isla. Dirán los defensores del status quo los disidentes son “dialogantes” o “defensores de Castro” que están en “colusión con las leyes cubanas”? Y que de las organizaciones de promoción democrática y de defensa de los derechos humanos como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Freedom House y la Conferencia de Estados Unidos de Obispos Católicos? La buena nueva es que los defensores del status quo en la política de los Estados Unidos hacia Cuba son un grupo cada vez más pequeño. Nuestra comunidad entiende la necesidad de un nuevo enfoque y aún si algunos reconocen que “muchos de los que se oponen al régimen admiten, aunque calladamente, que el embargo no ha funcionado” otros han sido mucho más claros en la necesidad de cambio, no sólo en la Habana sino también en Miami y Washington. Un artículo reciente enviado al Miami Herald por el prominente hombre de negocios cubano-americano y líder comunitario Sergio Pino lo dijo claramente: “Es hora de repensar nuestra estrategia. Con tres miembros de la comunidad cubano americana en el Congreso y uno en el Senado y con muchos cubano americanos bien intencionados lideres de cientos de diferentes organizaciones políticas en el exilio, es hora de que una de ellas se adelante y nos una detrás de un enfoque nuevo más efectivo que se concentre primero en el pueblo cubano .” .
febrero 2010
La muerte el pasado martes del valiente defensor de los derechos humanos en Cuba, Orlando Zapata Tamayo, es una tragedia, y como con todas las tragedias pude ofrecer enseñanzas al resto del mundo. En primer lugar, aunque ha habido una condena a nivel mundial de su muerte y un llamando al gobierno cubano para que libere a todos los prisioneros políticos, existen aún aquellos que eligen ignorar algo que sólo puede ser considerado como un asesinato. Aún algunos de aquellos que expresaron su “pesar” por la muerte de Zapata Tamayo, lo hicieron mientras apoyaban a sus verdugos. Durante su viaje a Cuba esta semana, el presidente de Brasil Lula da Silva declaró que “lamentaba profundamente” la muerte de Orlando Zapata Tamayo, antes de reunirse con Raúl Castro en el palacio presidencial. Aunque no estoy sugiriendo que los gobernantes extranjeros deberían rehusarse a reunirse con miembros del gobierno cubano, considero que el presidente de una de las democracias más grandes de la región y alguien que pretende ser líder en la región, debería demostrar su liderazgo en defensa de la libertad y de los derechos humanos, y no sólo para tranquilizar a los izquierda en su país y garantizar las inversiones de su país en Cuba. Mientras tanto aún no hemos escuchado condenas de parte de los gobiernos de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. En segundo lugar, no parece haber límites a la crueldad del régimen cubano o de las vidas inocentes que condenara en nombre de “preservar” la revolución. Mientras Raúl Castro emitió una declaración sin precedentes “lamentando” la muerte de Zapata Tamayo, sólo lo hizo bajo la presión de la visita de un jefe de estado extranjero y la calificó acusando a “la hostilidad de los Estados Unidos” como responsable por su muerte. Cualquier esperanza que puede haber existido de que Raúl Castro otorgaría mayores libertades personales una vez que asumiera el poder, han sido aplastadas por una ola de constantes actos represivos desde que reemplazó a su hermano mayor. Lo que hasta ahora consistía en detenciones breves y golpizas, ha crecido a un nuevo nivel. El gobierno encabezado por Raúl Castro es ahora responsable por consciente e intencionalmente dejar morir a un hombre de hambre, y sólo porque sus creencias sobre los derechos humanos y la libertad representaban un desafío a aquellos que detentan el poder. Finalmente, lo que el mundo puede aprender de la muerte de Orlando Zapata Tamayo es que los defensores de la democracia en Cuba son hombres y mujeres valientes que creen profundamente en la causa de la libertad y de los derechos humanos y que están dispuestos a arriesgar su propias vidas para defender aquello que consideran que es justo. Aún cuando enfrentados a un sistema que persigue y ataca a las esposas de prisioneros políticos por marchar pacíficamente en las calles, secuestra y golpea a una mujer por su blogging sobre las dificultades de la vida cotidiana en Cuba, o incluso deja morir a un hombre de hambre porque se siente desafiado por lo que él representa. Los defensores de los derechos humanos en Cuba han demostrado su disposición a hacer mayores sacrificios en beneficio del pueblo cubano que lo que pueden haber hecho cualquier miembro de la clase privilegiada que compone el gobierno cubano. En los próximos días, la familia y amigos de Orlando Zapata Tamayo llorarán su muerte, la comunidad internacional emitirá declaraciones de condena o erigirá ignorar los hechos, y el gobierno cubano tratara de enfrentar una situación cada vez más difícil, que pudo haber sido evitada dando más valor a la vida de sus ciudadanos que a su deseo de silenciar sus voces. Sin embargo, sospecho que el capítulo final del legado de la muerte de Orlando Zapata Tamayo no ha sido aun escrito.
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