Sobre la hierba en una pequeña colina detrás del santuario católico más importante de Cuba yace un montón de barras de acero. Aunque lucen abandonadas, las 25 toneladas de chatarra metálica constituyen el corazón de un gran proyecto de reciclaje religioso: el plan es transformarlas en la primera iglesia católica construida en la Cuba comunista desde el triunfo de la revolución en 1959.

El ingeniero a cargo del proyecto en Santiago de Cuba admite que es ambicioso, no sólo porque no tiene precedentes sino debido a que las vigas formaron parte del escenario erigido para la histórica visita del papa Benedicto XVI a la ciudad en 2012.

"Reutilizar el metal significa mantener vivo el recuerdo de algo que es bueno para nosotros, los católicos. Esto le da vida nueva, de modo que puede servir a las futuras generaciones", explica Fausto Veloz.