En febrero pasado Amalia Reigosa Blanco experimentó por primera vez la emoción que se siente cuando despega un avión. Vio las vidrieras de las tiendas de ropa en la capital de la moda de Italia y paseó por calles de piedra en las que escuchaba un idioma al que no estaba acostumbrada. Supo lo que es caminar bajo la nieve.