Muñecas vestidas como la Virgen de la Caridad, polvo de cáscara de huevo y agua bendita, ropa blanca para iniciados en la santería, hierbas y cacerolas de distintas formas adornan las vitrinas de las tiendas de artículos religiosos en Cuba.

Surgidos como hongos tras la lluvia luego de las reformas impulsadas por el gobierno de Raúl Castro, estos comercios están entre los negocios más florecientes de la isla. Y, como en otros ámbitos de la vida diaria, reflejan su disparidad: hay desde aquellos instalados en humildes viviendas hasta otros en céntricas avenidas repletos de onerosos productos importados.