El poscastrismo

7 de mayo de 2014

Las grandes maniobras ante la aparente inevitabilidad del poscastrismo se aceleran. A China, cuyo canciller Wang Yi hizo recientemente de La Habanaetapa crucial de su descubierta por América Latina, y la normalización de relaciones del mundo latinoamericano con la isla, se suma la UE, que los días 29 y 30 de abril celebró conversaciones con Cuba para acordar una Hoja de Ruta que pusiera fin a la “posición común” de 1996, impulsada por José María Aznar fijando condiciones políticas para el diálogo. Solo parece ausente EE UU, a remolque de la cuasi guerra civil en Ucrania.

El régimen cubano, que dirige Raúl, ya no tanto Castro el menor, ha hecho todo lo que estaba en su mano para merecer semejante atención. Desde 2008 ha entregado en usufructo agrícola 1,5 millones de hectáreas a 172.000 beneficiarios, y queda otro millón por repartir; a partir de enero de 2013 los cubanos pueden salir del país y permanecer hasta 24 meses en el exterior, en lugar de los 11 entonces vigentes; y el 29 de marzo pasado se aprobó la “ley estrella” del cambio para la inversión extranjera, que con el eufemismo de “actualizar el socialismo” —analogía china— abrirá las puertas económicas de Cuba salvo en salud, educación y Fuerzas Armadas. El objetivo declarado es obtener de 2.000 a 2.500 millones de dólares anuales para garantizar el crecimiento; y, finalmente, la instauración del Viernes Santo como fiesta laboral, lo que es más que anecdótico por el relevante papel de la Iglesia en todo el proceso negociador, así como partidaria de una salida política en douceur de la Gran Antilla...