Otra Cuba es posible

16 de junio de 2014

El 28 de febrero del 2008, el todavía flamante canciller cubano Felipe Pérez Roque firmó en Nueva York dos pactos de Naciones Unidas: el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Apenas cuatro días antes, Raúl Castro agarraba de forma oficial las riendas del poder cotidiano en la isla. Esas dos firmas auguraban una esperanza, la ilusión de que finalmente las cosas comenzaban a cambiar en Cuba.

Sin embargo, cinco años después las firmas han resultado tan efímeras en la práctica como la permanencia del entonces canciller en el gabinete del “hermano heredero del trono”. Un simple acto de propaganda o un gesto que pronto fue frenado por las poderosas fuerzas de la reacción, que parecen actuar en las altas esferas del poder cubano. Todo indica a pensar en lo primero. Raúl Castro mandó a firmar sin la menor intención de cumplir con lo firmado, porque sabía que aún quedaba pendiente un acto mucho más importante: la ratificación de los acuerdos...